Todas son iguales, sí, en los últimos diez años he conocido empresas de todo tipo, de toda nacionalidad, de todo tamaño… y todas son iguales.
He conocido a fondo empresas suizas y alemanas, mexicanas, salvadoreñas, hondureñas y nicaragüenses. También de Costa Rica, Colombia, Venezuela y Ecuador. Y todas son iguales. No hay diferencia con las empresas guatemaltecas que he conocido.
El primer denominador común es que sus gerentes y propietarios creen que son la última Coca Cola en el desierto. Sus títulos y su “experiencia” les permiten hacer de todo… menos ser competentes. Son creídos y prepotentes o falsamente humildes, pero de cualquier manera se saben con el “sartén por el mango” y por eso usan todo su poder y jerarquía para construir “altares” a su sistema gerencial. Todavía no he conocido uno que sea humilde y noble como para aceptar que no lo sabe todo ni lo puede todo. No he podido ver a un gerente o propietario que acepte que sus competencias son limitadas y que requiere apoyo o asesoría. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
El segundo denominador es que precisamente son esos propietarios y gerentes la causa de los principales problemas de la empresa. No importa con acento de qué país hablen el español, ellos son los responsables de los problemas administrativos, logísticos, financieros y especialmente de comunicación y de recursos humanos. Tengo clara conciencia que “arreglando” al gerente o al propietario se arreglarían la mayoría de los problemas de la empresa. Ellos son el problema porque su disfuncionalidad personal interviene en su capacidad de gestión. O su disfuncionalidad administrativa se refleja en la empresa. Y algunos tienen los dos tipos de disfuncionalidad: la emocional/personal y la administrativa.
El tercer denominador es que los propietarios y/o gerentes han creado una “corte” de personal que en muchas ocasiones llega a ser servil. Como los antiguos monarcas, se creen dignos de recibir reverencias, de tener un primer ministro e incluso un bufón y algunos hasta testaferros tienen. Las empresas han dejado de ser los entes creados para generar negocios y en su lugar se han erigido feudos. Incluso el derecho de pernada está establecido para los gerentes y propietarios. El eje central es el culto a la personalidad e imagen del gerente/propietario; aunque también en la “corte” empresarial hay intrigas, traiciones, envenenamientos, etc.
La “sangre azul” corre por las venas de la empresa y los pobres cortesanos deben rendir pleitesía a su majestad, el gerente. Y no digamos el “populacho” de la empresa. Ellos, los pobres trabajadores, son los únicos que “pagan impuestos” a su majestad. Son perseguidos por los inquisidores, limitados en su desarrollo y deben trabajar hasta que exploten en beneficio de la corona. Y si un Robin Hood quiere pelear por ellos, rápidamente es despedido.
El cuarto denominador es que los procedimientos, técnicas, métodos, etc. validados de administración se aplican como procesos burocráticos de forma empírica o con resultados muy limitados. Los sistemas de control, seguimiento, evaluación, etc. son mínimos. El análisis y diagnóstico del desempeño empresarial es rudimentario o inexistente y se basa más en la “intuición” o en la “experiencia” que en resultados numéricos cualicuantitativos.
El flujo de caja es responsabilidad casi única del contador y el gerente ni siquiera lo toma en cuenta para las decisiones empresariales. La estadística de ventas quizá la mira únicamente el gerente de ventas, pero en la realidad no se utiliza para determinar acciones comerciales. Los estados financieros o no hay o no se entienden y en todo caso, son para presentarle a la junta directiva razones para que el gerente tenga un aumento de sueldo. Conozco plantas de producción conducidas de “oído”. Maquinaria millonaria que está bajo el mando de ejecutivos sin las más mínimas capacidades de gestión. Miles de quetzales en materia prima o en inventarios y quien dirige el proceso comercial ni siquiera es capaz de elaborar una fórmula de sumas en Excel. Y no hablemos del departamento de RRHH que no lleva más que archivos con regaños o faltas de los empleados y realiza “climas laborales” que cualquier consultor profesional se reiría del sesgo que tienen. No digamos nada de desarrollo de carrera o contratar recurso humano siguiendo un programa de competencias y evaluaciones.
El quinto denominador es que creen en las varitas mágicas o en los pases de brujería empresarial. Ese tipo de gerentes propietarios piensa que sus problemas desaparecerán si contrata unas charlas de 2 horas o un programa de capacitación de 1 día. Como cantaría Facundo Cabral: “… pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo…” Creen que con enviar a un empleado a recibir un día de jueguitos motivacionales, resolverán la situación que los mismos gerentes/propietarios han creado por su falta de competencias administrativas, de compromiso, de liderazgo o de inteligencia emocional. Son como los padres de familia que contratan “tutores escolares” para que el hijo haragán gane el año. No se dan cuenta que el hijo es haragán precisamente por el tipo de padres que tiene. Al hijo haragán no hay que darle más “conocimientos”, hay que darle nuevos y mejores valores y principios de vida. Hay que darle el ejemplo de una familia sana y funcional.
El sexto denominador es el “síndrome del avestruz”. Aunque no lo parezca, ante las situaciones difíciles de su vida y de la empresa, meten la cabeza en la tierra y creen que con no ver, los problemas desaparecerán. Están en completa negación; que es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los conflictos negando su existencia o su relación o relevancia con la persona. Al estar en negación se rechazan aquellos aspectos de la realidad que se consideran desagradables. El gerente/propietario se enfrenta a conflictos emocionales y amenazas de origen interno o externo negándose a reconocer algunos aspectos dolorosos de la realidad externa o de las experiencias subjetivas que son manifiestos para los demás. El término negación psicótica se emplea cuando hay una total afectación de la capacidad para captar la realidad y aunque no me crean, es enorme la cantidad de gerentes/propietarios que cumplen con el concepto de negación psicótica. Niegan lo que pasa en la empresa, no creen que existan problemas de fondo o que la empresa esté en serios problemas.
He conocido empresas que están al borde del precipicio; ya sea el económico, el logístico, el laboral, etc. y sus gerentes/propietarios se mantienen en negación y juran que todo está bien o que pronto solitos se resolverán los problemas. Están seguros que nosotros los consultores somos unos exagerados o que estamos tratando de magnificar los problemas para sacarles más dinero o hacer más negocio. He conocido empresas en donde los gerentes se gritan unos a otros, se insultan, se irrespetan y de cualquier manera dicen que todo está bien y que son “líderes y ganadores”. En otras empresas he visto costos increíblemente altos, procedimientos tan rudimentarios que hacen perder dinero y que hacen que la organización escasamente respire y aún así, los gerentes insisten en mantener el personal inadecuado o tomar decisiones fuertes pero necesarias.
El séptimo denominador es la incapacidad para manejar el cambio y que son manipuladores. Esos gerentes/propietarios tienen paradigmas MUY fuertes y es muy difícil convencerlos de que deben cambiar. Se aferran al status quo y “primero muertos” que cambiar. En algunos casos, parece que están dispuestos a cambiar pero en realidad están planificando como manipular, mentir o diluir la situación. Maquiavelo se queda chiquito comparado con ellos. Manipulan a las personas. Manipulan las cifras empresariales. Manipulan a las Juntas Directivas. Manipulan. Manipulan.
Definitivamente no quieren cambiar y se agarran como pulpos a su posición, a su cargo, a su jerarquía, al poder de su puesto.
El octavo denominador es que a mi juicio, el futuro de esas organizaciones es negro. Quizá produzcan dinero y eso haga más larga su agonía y los gerentes se engañen a sí mismos pensando que los resultados se deben a ellos y engañen a sus juntas directivas; pero a quien no engañarán nunca, es al “mercado” -que un día no muy lejano- les pasará la factura.
Conozco muy bien una organización gigante, subsidiaria de una transnacional del norte, que hace algunos años era líder en su mercado y ahora es seguidora. El espacio perdido no ha sido consecuencia de que la competencia sea mejor, sino de una administración chapucera, “larga” y que se ha dedicado a “ordeñar” la empresa aún a costa de sus mejores recursos. Lo tuvieron todo. Eran los más grandes, los que más vendían… Eran casi un oligopolio que duró muchos años; pero una serie de gerentes disfuncionales la están destruyendo. Ahora el servicio es pésimo, la cobertura de sus servicios es muy limitada. Sus productos ya no son competitivos. El público, los clientes ya les cobraron los daños y se fueron con la competencia. Y la responsabilidad concreta es de los gerentes que se dedicaron a “ordeñarla”.
Conozco decenas de empresas que han recibido todo tipo de ayuda. Capacitación. Herramientas de gestión administrativa. Asistencia técnica, dinero, personal, etc. y NINGUNA ha reaccionado adecuadamente. Algunas han tomado un poco de esto o un poco de aquello. Han hecho algunos cambios cosméticos, pero ninguno de fondo. Siguen igual… o peor. Tienen un diploma que certifica que asistieron a cursos o talleres de capacitación, pero como dice el dicho: lo que natura non da, salamanca non presta. La mona aunque se vista de seda, en mona se queda. Pasaron por un curso, pero el curso no pasó por ellos. Quizá parezca muy duro lo que escribo, pero en los últimos años, no hay ni una empresa de las que conozco que se haya desarrollado y prosperado. Todas, están en problemas económicos y comerciales. Algunas veces platico todavía con ejecutivos de esas empresas y confirmo que no siguen igual… están peor. Quejas, quejas y quejas. Problemas. Deudas. Sin clientes. A la deriva.
Un amigo que lee este blog me preguntó ¿Entonces… qué hay que hacer? Mi respuesta fue lenta, me tomé bastante tiempo en responderle; no tanto porque no supiera la respuesta sino tratando de suavizarla.
Le dije que en estos momentos creo que no hay esperanza, por lo menos no en el corto ni mediano plazo (y por todo lo que indican estos tiempos, tampoco en el largo plazo) para las empresas con las características y los equipos gerenciales que he mencionado en este blog.
La capacitación, las consultorías, los programas de coaching, etc. pueden ayudar a sostener la peña; pero el problema de fondo son las personas (especialmente los gerentes y los propietarios) y no hay nada más difícil que cambiar. Todavía no conozco un gerente o propietario que quiera cambiar (me refiero a cambiar “realmente” porque algunos lo dicen del “diente al labio”. Son como adictos en consumo activo; no tienen razones para cambiar y no lo harán sino hasta tocar fondo. Y quizá el fondo les llegue hasta que destruyan sus vidas y las empresas.
Medio en serio y medio en broma le dije que la solución sería despedir a todos (incluso los propietarios) y/o esperar hasta que se mueran este tipo de gerentes/propietarios. Realmente creo que el cambio tendrá una leve oportunidad para darse cuando una nueva generación de ejecutivos profesionales surja y logre destruir los feudos disfuncionales que ahora existen en las organizaciones guatemaltecas y centroamericanas (siempre y cuando las nuevas generaciones tengan nuevos paradigmas y renueven sus pensamientos y les abran los ojos del entendimiento). Espero que el cambio generacional no sea demasiado tarde.
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