martes, 17 de agosto de 2010

Que poca inteligencia...

Desde que Daniel Goleman desarrolló el concepto de "inteligencia emocional" aplicada a las empresas, es uno de los elementos más importantes en la gestión administrativa y al mismo tiempo uno de los más desconocidos e incluso despreciados.

Una definición muy simple de "inteligencia emocional" es hacer lo que se debe hacer en el momento en que se debe hacer, controlando y analizando los sentimientos, las decisiones y las acciones, así como sus consecuencias y responsabilidades. Sin embargo, es lo que menos hace la mayoría de empresarios y gerentes que conozco.

No toman las decisiones cuando deben hacerlo. Posponen y vuelven a posponer. O por el contrario, toman decisiones y acciones sin fundamento, sin análisis, sin diagnóstico. Las toman con el hígado, con el estómago, con los riñones, con los intestinos, con los pies, con los puños... menos con el cerebro.

Es increíble la cantidad de gerentes y administradores que conozco que teniendo una edad adulta tienen las emociones de un adolescente. Y toman decisiones o realizan acciones como lo haría un muchacho de 13 años.

Los títulos, las universidades, la capacitación no les ha servido de nada. Son grandes "ejecutivos" y todavía siguen "enamorando" a cuanta secretaria se les acerca. Echan a perder a las empresas por situaciones ridículas y que podrían ser excusadas en un adolescente pero nunca en una persona madura. Tienen esquemas administrativos de "embudo" y de perspectiva tan limitada como la de un adolescente. Hacen berrinches, patalean, gritan, lloran como que si fueran niños.

Existe un gran vacío de inteligencia emocional en el medio ejecutivo guatemalteco y por supuesto en el centroamericano. Hace muchos años pude conocer a un gerente centroamericano de una excelente transnacional europea. Lo primero que hizo al ser trasladado a Guatemala, fue enviar por su amante y darle el puesto de "asistente ejecutiva" y "delegarle" todo el poder a ella, mientras que él compró con recursos de la empresa, varias membresías en un club de golf y literalmente dejó sin "cabeza" a la empresa porque siempre estaba ausente de la gestión empresarial.

Grandes cenas, celebraciones, viajes, etc. No fue de extrañar cuando un día el guardia de la puerta no lo dejó entrar al parqueo de la empresa y le tenían preparada una "cajita" con sus cosas. Muy europeo podía ser y con muchos años en la empresa, pero perdió el "piso". No lo despidieron por falta de conocimientos, ni por que no tuviera la capacidad de dirigir la empresa. Lo despidieron por que no tuvo "inteligencia emocional" y desvirtuó las funciones de su puesto. Creyó que al estar Guatemala muy lejos de Suiza, él podría reinar en la empresa y no tener ninguna consecuencia. Que equivocado estaba. Echó a perder muchos años de su vida por su poca inteligencia emocional.

Otros ejemplos los he visto con gerentes y administradores llenos de berrinches. Que gritan e insultan como si fuera una pelea callejera. No es que les falte educación -aunque muchos si son unos patanes maleducados- sino que les falta inteligencia. No manejan sus emociones sino que éstas los manejan a ellos. Al igual que son disfuncionales en su vida personal, lo son en la empresarial. Lo mismo afectan su vida personal que a la empresa.

Un gerente que no asume su papel de líder no tiene inteligencia emocional. Un administrador que no es racional y analítico, no tiene inteligencia emocional. Un propietario que no se involucra activa y positivamente en su empresa, no tiene inteligencia emocional. Un ejecutivo que no puede mantener cerrado el zípper de su pantalón no tiene inteligencia emocional. Un empleado que no valora su puesto y toma acciones propias de desarrollo, no tiene inteligencia emocional. Un gerente que no desarrolla un equipo multifuncional y multidisciplinario no tiene inteligencia emocional. Un gerente que prefiere la solución "facil" a la correcta, no tiene inteligencia emocional. Un gerente que desprecia una oportunidad de desarrollo porque puede poner en evidencia su incapacidad, no tiene inteligencia emocional.

Y ¿Cómo detectar un gerente sin inteligencia emocional? Muy fácil: vea su actitud, su educación, su proceder, su diligencia para hacer las cosas y especialmente, analice si es un modelo excelente a seguir. Pero si grita, patalea, insulta, es inestable y cambia constantemente de opinión, si es bipolar en sus sentimientos y no los controla. Si ofende, golpea -con los puños o con las palabras- o se cree la última Coca Cola en el desierto; no lo dude, no tiene inteligencia emocional. Analice si teniendo más de 35 años se comporta como un niño de 12. Si debiendo de hacer lo que hacen los adultos, más parece que hace lo de un niño, entonces no tiene inteligencia emocional y es un PELIGRO (tanto en forma personal como empresarial).

Entregarle una empresa a un ejecutivo sin inteligencia emocional es como darle una pistola cargada a un adolescente; quizá sepa maniobrarla pero lo más probable es que no tome decisiones maduras sobre cómo y cuándo usarla.

También es como darle un carro con un motor de 300HP a un niño. La emoción de la velocidad será mayor que el concepto de responsabilidad. Preferirá rechinar las llantas y sentir el poder del carro, que transitar maduramente en el tráfico. Rebasará en curva confiando en el poder del carro, frenará en último momento y sentirse el rey del camino es igual a lo que hace un gerente sin inteligencia emocional: llevar la empresa al borde del precipicio, esperando que su habilidad como chofer y los frenos del carro, evitarán la tragedia.

Más que títulos, yo prefiero un gerente emocionalmente inteligente. Porque precisamente su inteligencia emocional lo hará llenar sus vacíos administrativos en la forma correcta. Compensará adecuadamente por sus carencias. Se automotivará y autodesarrollará. La inteligencia emocional le permitirá ser un hombre cabal y un ejecutivo completo.

Los conocimientos técnicos se aprenden y son cuestión de tiempo. La inteligencia emocional no se compra por libra ni por metro. Se desarrolla sólo en personas muy sensibles a sí mismas, autoanalíticas, con proceder y dominio propio. La inteligencia emocional podría ser sinónimo de madurez. La ausencia de inteligencia emocional es sinónimo de inmadurez e irresponsabilidad.

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