jueves, 19 de agosto de 2010

El Síndrome de Fidel en los empresarios...

El síndrome de Fidel en los empresarios es muy sencillo de diagnosticar. Han convertido a la empresa en organizaciones centralizadas y el poder supremo es el propietario o el gerente que gobierna con mano dura, despótica y tiránica a sus esclavos... perdón, quise poner a sus trabajadores.

Al igual que Fidel -hace más de 50 años- esos gerentes llegaron un día a la empresa dispuestos a generar cambios en favor de los trabajadores. Eran idealistas y comprometidos. Podían visualizar perfectamente qué había de malo en las empresas y tenían sueños de libertad y de cambio.

Es muy posible que tuvieran que librar muchas batallas y se convirtieran en fieros enemigos del sistema establecido y que incluso con tácticas guerrilleras, un día llegaran al poder. Les presentaban nuevas ideas a todos sus colaboradores y ellos creían que el "mesías" había llegado a la empresa. Pero ooooohhhh sorpresa...

El idealismo se desvaneció. Las promesas no se cumplieron y los cambios se olvidaron. La camaradería y el liderazgo se tornaron en opresión. Acabaron siendo lo mismo que aquellos a quienes quitaron. La comunicación se perdió. El culto a su imagen y la omnipotencia de su cargo fueron las constantes empresariales.

Estos gerentes envían a todos a "cortar caña" pero ellos están en sus oficinas dignas de un gerente de la 5a avenida de Manhattan.

Se ovacionan a sí mismos, les encanta oírse en sus discursos de 6 horas y alabarse a ellos mismos con logros y sueños de opio.

A ellos no les faltan los viáticos para almorzar en los mejores restaurantes aunque sus "colaboradores" no tengan las herramientas necesarias para producir. Hacen planes "quinquenales" pero viven del subsidio de otros.

Se proclaman líderes y dirigentes del mundo empresarial pero la "pobreza" de su gestión se ve por todos lados. Puede que se pongan el uniforme verde olivo y "compartan" en algunas ocasiones con sus súbditos, pero no será más que un teatro falso y barato para mantener la "popularidad" obligatoria. Venden la idea que el camarada "Fidel/Gerente/propietario" está cerca del "proletariado" pero sus oficinas siempre están cerradas y custodiadas por sus esbirros empresariales.

Los gerentes fidelianos viven un mito. Han creado una "leyenda" en su entorno, pero no son más que frágiles caricaturas y líderes de pacotilla.

Lamentablemente, al igual que Fidel en Cuba, estos gerentes fidelianos tienen el poder y la jerarquía para destruir, encarcelar, despedir, minimizar, etc. a todos los que se les oponen. No se tientan el alma para quitar de en medio a los que puedan descubrir la verdad. Sus empresas son una "isla" en donde "reinan" sólo ellos y todos los demás están para servirlos a ellos. No sirven, se sirven de los demás. Y literalmente NO sirven.

Han generado en la empresa un sistema de "espías" e inquisidores. Nadie confía en nadie. Todos pueden ser parte del enemigo. Las paredes oyen. La política de desconfianza es una constante y se premia a los que delatan a los opositores. Divide y vencerás.

Utilizan las dádivas de "su gobierno" para controlar y manipular (premios y castigos empresariales siempre tiene un objetivo: afirmar el poder del gerente fideliano).

El miedo es la columna vertebral de su gestión. Al gerente fideliano no hay que respetarlo, hay que temerle. El respeto le importa un bledo, prefiere que le teman y que le teman en serio. Así domina, castiga, impone su voluntad.

Y ¿Cómo están los trabajadores en una empresa con un gerente fideliano? Como en cuba. Presos, temerosos, silenciosos, amordazados, dominados, manipulados, pobres, hambrientos (hambrientos de tener un verdadero líder, un profesional de la administración. Hambrientos de dirección, de motivación, de compromiso, valores y principios). Los más mínimos derechos de expresión son aplastados por el gerente fideliano. Los principales derechos de desarrollo, crecimiento, valor, etc. son satanizados por el gerente fideliano.

Y lo peor de todo es que parece que no hay forma de acabar con ese tipo de gerentes una vez han tomado el poder. Al igual que con Fidel, quizá lo único que queda es esperar a que se mueran... y entonces iniciar una nueva revolución antes que su sucesor/heredero tome el poder y mantenga el estatus quo que les conviene.

Es ridículo, pero sí. La gran paradoja es que en el centro de una estructura con fines de lucro (la empresa privada) existen gerentes que aplican el marxismo en su mayor expresión.

El poder corrompe. El poder absoluto, corrompe absolutamente. Pero como siempre he dicho: igual de culpable es el que abusa que el que se deja abusar.

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