martes, 10 de agosto de 2010

Es la verdad...

Quienes hasta ahora hayan leído lo que escribo en este blog podrán pensar que estoy lleno de frustración, odio o resentimiento contra los empresarios de Guatemala.

Déjenme asegurarles que no es así. De verdad. No es así,

Es que simplemente estoy escribiendo vivencias reales. Todo es la verdad, todo así sucedió. Fui testigo presencial.

Lo que pasa es que todos viven muchas de estas cosas en sus empresas pero no se atreven a hacerlas públicas. Viven situaciones iguales o similares a las que describo, pero en lugar de enfrentarlas se las tragan. En lugar de combatir la mediocridad se hacen cómplices de ella. O la necesidad de un sueldo, de cualquier sueldo, es demasiada. La mayoría viven mentiras, que de tanto creerlas se les convierten en su realidad.

A algunos lectores puede parecerle que estoy haciendo catarsis de lo vivido en esas empresas y que la presión en la olla llegó a ser insoportable. Lamento decepcionarlos, estoy escribiendo porque ahora viendo para atrás, desde la perspectiva del tiempo es divertido recordar y plasmar mis vivencias en blanco y negro. Realmente estoy pasando un tiempo excelente escribiendo en este blog.

Otros podrán pensar que me estoy vengando de esos ejecutivos que pasaron por mis servicios de consultoría. Tampoco es así, tengo grandes recuerdos de la mayoría de personas que he conocido (por supuesto también tengo una ración de personas y ejecutivos que preferiría no haber conocido). Pero la simpatía personal no puede invalidar su incapacidad ejecutiva. Quizá sí he decidido ya no ser cómplice de su ineptitud y con el silencio, validar lo que son. Que no les guste que diga lo que conocí de su intimidad ejecutiva no implica que no sea cierto lo que escribo.

Y no dedico lo que escribo sólo a los guatemaltecos. He conocido ejecutivos igualmente ineficientes sin distingo de nacionalidad, raza, edad o título académico. Lo mismo he visto en colombianos, mexicanos, venezolanos, salvadoreños, nicaragüenses y hondureños. La ineptitud, la prepotencia, la inmadurez emocional no tienen fronteras.

No importa el tamaño de la empresa o el nombre que se tenga en las tarjetas de presentación. En todo tipo de organización he conocido ejecutivos que se acuestan con sus secretarias o con sus asistentes, contadores prepotentes, bodegueros maleducados, recepcionistas creídas, asistentes peperechas, gerentes de ventas cuenteros y transeros, ejecutivos mentirosos y manipuladores, a los que hacen "mano de mono" y falsifican facturas de viáticos, a los que mienten sobre los clientes o acerca de sus cuotas y objetivos de ventas, etc.

Han sido 10 años que al final se pueden catalogar como tragicomedia. Tragedia la que esos ejecutivos han ocasionado en sus empresas. Comedia haberla visto desde mi posición de consultor externo. Ha sido como ver a una persona dándose golpes contra la pared y seguir riendo.

Como cuando una persona resbala con una cáscara de banano que ella misma tiró en el piso. Como observar a un sembrador que siembra semillas podridas y todavía espera una gran cosecha.

Han sido 10 años de ironía observando en los mejores puestos ejecutivos a las peores personas para ocuparlos. Una ironía conocer los grandes salarios que reciben por los costos y las pérdidas tan grandes que ocasionan a sus organizaciones. Que estúpidas son algunas organizaciones y sus altas gerencias.

Ha sido como ver la escena de la película en donde el Titánic se está hundiendo, despacio, lento pero inexorablemente hacia el fondo y que todavía se llore porque es una película "romántica". Como ver la película Titánic y aún conociendo la historia real, se espera que todos se salven. Que ironía que muchos ejecutivos no entienden que un naufragio es un naufragio. Es como la historia real que al hundirse el Titánic, la banda del barco seguía tocando.

¿No verán algunas empresas que son como el Titánic y que sus ejecutivos son como su capitán?

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