martes, 24 de agosto de 2010

¿Qué pienso de un líder?

Conozco muchos empresarios pero muy pocos líderes. Conozco bastantes gerentes pero pocos son líderes.

Conozco empresarios que son dueños de sus empresas porque tienen un registro mercantil que acredita su propiedad, pero que no son los líderes natos de sus empresas. Conozco gerentes que tienen el título porque alguien se lo otorgó, pero que no se han ganado el liderazgo de sus empresas.

Conozco propietarios y líderes que “mandan” en sus empresas, pero por la fuerza o por la jerarquía de su puesto; no porque sean líderes.

Y es que el liderazgo no se hereda en las empresas de corte familiar, ni se compra por metro o por libra en la tienda de la esquina. Tampoco viene pegado con tape al título de gerente. Ser líder es el resultado de muchas acciones y competencias puestas en acción por quien se compromete a dirigir la empresa. Y es que para mí, dirigir y “gerenciar” no son sinónimos. Dirigen los líderes y “gerencian” los gerentes. A los líderes se les sigue por deseo y voluntad propia a los gerentes se les obedece por el poder que tienen. A los líderes se les ama y se les respeta mientras que a los gerentes…

Gerenciar es aplicar técnicas y métodos de administración. Liderar es amar una causa y hacer lo que sea necesario por ella. Gerenciar requiere conocimiento mientras que liderar requiere valor.

Y el título de líder lo otorgan los seguidores. El título de líder se gana con el ejemplo. El título de líder es la máxima expresión de compromiso, sanidad emocional y competencias administrativas. Los gerentes tienen conocimientos, los líderes tienen competencias. Los gerentes tienen títulos, los líderes tienen resultados. Los gerentes fijan objetivos, los líderes los alcanzan. Los gerentes tienen “labia”, los líderes tienen sabiduría. Los gerentes tienen límites, los líderes tienen alas. Los gerentes tienen trabajadores, los líderes tienen seguidores. Los gerentes “ordenan”, los líderes dan el primer paso. Los gerentes son personas que ocupan un puesto, los líderes son el modelo a seguir. Los gerentes están detrás de sus escritorios mientras que los líderes están en la primera línea del frente de batalla. Los gerentes tienen mucho que perder, los líderes tienen mucho que ganar. Los gerentes miran hacia atrás, los líderes ven al infinito. Los gerentes sueñan, los líderes construyen. Los gerentes piensan, los líderes accionan. Los gerentes analizan, los líderes toman decisiones.

Estoy seguro que el liderazgo no es un objetivo; es una consecuencia ¿Pero de qué?

De tener clara la dirección a seguir, el camino a recorrer, las metas a conquistar, los objetivos a alcanzar. El líder sabe de dónde viene, quién es y a dónde va. No improvisa. No inventa. No es fluctuante y variable, no se deja llevar por corrientes ni por vientos que lo alejan de su destino. Al líder no lo siguen porque sea un orador nato o por su retórica y carisma personal; lo siguen porque su fortaleza y carácter convencen a los demás de que es digno y adecuado seguirlo. El liderazgo no se aprende, se vive. El liderazgo no se desarrolla, se respira.

El liderazgo es una consecuencia de tener una visión prístina. Una misión inalterable. Pero especialmente de tener valores y principios irrenunciables. La ética, la honestidad, la transparencia, la comunicación efectiva, la verdad, la honorabilidad, la humildad y la nobleza definen a un verdadero líder. Y los valores no se aprenden, se traen desde el vientre materno. Los principios no se compran, se tienen desde la cuna. Las ovejas son ovejas y los lobos son lobos. Una oveja se puede portar mal pero no por eso deja de ser oveja. Un lobo puede aparentar portarse bien pero nunca dejará de ser un lobo; tarde o temprano las ovejas balan y los lobos aúllan. Y aunque al principio cueste distinguirlos, al final todo sale a la luz y las intenciones de los corazones se manifiestan. Siempre se termina conociendo quién es quién.

Una persona que manipula, miente, roba, engaña, etc. nunca podrá ser un líder. Por más “gerente o propietario” que sea, nunca engañará a los que lo rodean y éstos podrán obedecerlo más nunca seguirlo. Así como un líder se nota a la distancia, también así se conoce desde lejos a los “impostores de líderes”. Un líder siempre será un líder mientras que un impostor nunca pasará de ser una caricatura deforme del liderazgo. Por eso los impostores odian tanto a los líderes, porque nunca llegarán a ser como ellos. Los impostores rechazan a los líderes porque éstos tienen lo que aquellos nunca tendrán. Y los impostores lo saben. No importa cuánto poder o tiempo tengan en la empresa, nunca serán líderes (y eso es su mayor castigo).

Insisto en que conozco a muchos gerentes pero a muy pocos líderes.

Un gerente trabaja “en” la empresa. Un líder trabaja para y con la empresa. Un gerente trabaja en la empresa, un líder “vive” con la empresa. Los gerentes pueden cumplir pero los líderes siempre se comprometen.

Durante los pasados 10 años he podido comprobar que las empresas que tienen problemas de personal, de comunicación, de valores y principios, es porque no tienen líderes. He podido ver que las empresas que tienen problemas administrativos, de obediencia e insubordinación, falta de compromiso, alta rotación de personal, ausencias, chismes, peleas, etc. es porque no tienen líderes. Tienen ejecutivos y quizá sean “buenos” y produzcan resultados e ingreso de dinero, pero hacer que el personal “se ponga la camiseta” nunca lo logran. Quizá como gerentes consigan sus objetivos, pero llegar a ellos siempre ha sido cuesta arriba, con costos altísimos y teniendo que actuar como capataces. Un gerente logra objetivos, un capataz también. Un gerente hace que le obedezcan, un policía armado también. Un gerente produce dinero, un ladrón también.

Que gran diferencia hay entre un gerente y un líder.

Insisto en que conozco muchos gerentes y propietarios. Nacionales e internacionales. Jóvenes y maduros. Universitarios y autodesarrollados. Hombres y mujeres. Simpáticos y arrogantes. Altos y bajos. Gordos y delgados. Morenos y blancos… Sí, conozco muchos gerentes y empresarios pero muy pocos líderes.

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