lunes, 23 de agosto de 2010

Si todo fuera más fácil…

Todos hemos deseado alguna vez que todo fuera más fácil. Y es que la vida tiene sus propias formas de complicarnos lo que hacemos. Si todo fuera más fácil…

… no tendríamos que hacer mercadeo y los productos se venderían solos. No habría que mejorarlos continuamente, cambiar sus beneficios, rediseñarlos y adaptarlos a las necesidades cambiantes de los clientes. Todo sería más fácil si no hubiera competencia y no tuviéramos que apoyarnos con promociones y con publicidad. Los productos serían siempre iguales por años e incluso por décadas y se venderían “como pan caliente”.

… no tendríamos que revisar los precios en forma continua y la rentabilidad estaría asegurada. Los costos no cambiarían, las condiciones y calidad de los proveedores se mantendrían constantes y no tendríamos necesidad de hacer ajustes administrativos y/o de producción. El manejo de los inventarios y de las materias primas no necesitaría que tuviéramos controles y los problemas de producción y de bodega se terminarían.

… no tendríamos que controlar o capacitar constantemente al personal. Todos sabrían ya lo que deben hacer y no tendríamos necesidad de evaluarlos o dirigirlos. Cada uno repetiría su trabajo en forma adecuada y los problemas de comunicación, chismes, dimes y diretes se terminarían. El servicio al cliente sería formidable ya que cada trabajador estaría automotivado y autocontrolado para dar el mejor servicio posible. Desarrollar el compromiso y la calidad del recurso humano ya no sería responsabilidad directa del gerente o propietario. Se terminarían los permisos y las vacaciones y por lo tanto la administración del personal sería muy agradable. Ya no más charlas, no más cursos, todos cuidarían por sí mismos del equipo y de las herramientas de la empresa.

Si todo fuera más fácil, no tendríamos que cuidar los costos o analizar la rentabilidad de cada producto por separado. No nos preocuparía el mercado cambiario ni lo que pase con el petróleo. El crecimiento de la empresa sería constante y se daría “solito”. Los vendedores cumplirían sus cuotas por energía propia y atenderían a todos los clientes como se merecen. Se acabarían los problemas entre departamentos, ya bodega y contabilidad no se pelearían ni ventas con logística. Qué lindo sería que todo fuera más fácil. No más reuniones de planificación. No más reuniones para resolver problemas. Cada uno sería su propio líder y las gerencias no se necesitarían más. No más análisis numéricos ni estadísticos. No más reuniones con las juntas directivas.

… no tendríamos que hacer planificaciones estratégicas, ni planes de negocios y mucho menos planes comerciales y de mercadeo. Los estados financieros se interpretarían muy fácilmente y tomar decisiones sería una delicia. El mercado crecería exponencialmente y cada empresa tendría una cuota más que suficiente para no pelear con la competencia. No habría devoluciones de productos ni necesidad de cambios en las líneas de producción. Todos estarían satisfechos con nuestros productos y servicios y sería innecesaria la innovación y el cambio. ¿Para qué cambiar los sabores o la presentación? Si todo fuera más fácil los clientes se atenderían así mismos y quedarían satisfechos y si tienen algo que reclamar, lo harían así mismos. No más relaciones públicas, ni programas de satisfacción del cliente. No más evaluaciones de 360º ni estudios de mercado.

Qué lindo sería si todo fuera más fácil…

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