…hay una gran cantidad de catedráticos universitarios que nunca han trabajado en la vida real en los temas que imparten? Y no es que esté en contra de que las personas trabajen honradamente y se ganen su sustento... pero ¿Qué clase de profesionales serán sus estudiantes si el "maestro" no conoce la aplicación en la vida real? Es más, muchas veces "sabe" más el estudiante (porque trabaja en una empresa real)que el mismo catedrático. Quizá en la teoría no concuerden pero en las competencias reales el estudiante que sí trabaja en una empresa real, lleva la ventaja.
Ese tipo de catedráticos ha hecho de “dar clases” su modus vivendi y los conocimientos que tienen vienen de los libros pero sin ningún fundamento de vivencias y experiencias reales.
Dan clases de administración pero nunca han administrado una empresa, nunca han tenido un puesto gerencial o han sido responsables directos del desempeño de una empresa. Nunca han tenido que responder por sus decisiones de mercadeo o de producción y mucho menos por fracasos comerciales. Mantenerse en la retaguardia y resguardado por libros, teorías e hipótesis administrativas es MUY cómodo.
Pueden dar sus opiniones y defenderlas “vehementemente” ya que todo es teórico, retórico e inmaterial. Se dan aires de eruditos y que sus “títulos” los hacen “profesionales”. Pero nunca han tenido trabajadores que respondan a sus directrices y ser los responsables de las consecuencias de su gestión. Y si por casualidad han trabajado en una empresa, o no han durado mucho tiempo o su nivel ejecutivo ha sido muy bajo. Conocen las últimas teorías económicas pero nunca han hecho el más simple Plan de Negocios REAL.
Y lamentablemente lo anterior no sólo aplica a los catedráticos universitarios sino también a muchos “consultores empresariales” y a la mayoría de las “organizaciones de consultoría” que conozco. Son teóricos y/o salidos directamente de las aulas universitarias y no profesionales que enseñan “porque pueden y no porque necesitan un ingreso económico”.
Por eso, cuando alguien me dice que es asesor empresarial le pregunto ¿Cuántas empresas ha dirigido? ¿Cuántos proyectos REALES ha desarrollado e implementado? (no sólo cuántos ha “escrito” o participado desde atrás de un escritorio o escribiendo reportes por libra) ¿Qué resultados ha tenido? ¿Me puede mostrar ejemplos REALES? ¿Puede dar evidencias reales de esos proyectos/empresas? ¿Que trayectoria/tendencias ha tenido esa empresa o ese proyecto? ¿Qué tan rentables fueron (y pido cifras concretas)? La confianza en un consultor proviene de sus resultados reales y no sólo de la cantidad de conocimientos y teorías que tiene.
Para contratar un ingeniero hay que saber cuántas casas/puentes/caminos, etc. ha construido. Para contratar un médico hay que saber cuántos pacientes CURADOS ha tenido. Para contratar un contador hay que verificar cuántos estados financieros ha construido e interpretado. Lo mismo para contratar un consultor.
Hace muy poco tuve la oportunidad de participar en un programa de capacitación de una reconocida ONG y cuando el “instructor/experto” que iba a impartir el curso –eje central del programa- llegó, lo reconocí como alguien que NUNCA ha dirigido una empresa en forma productiva, eficiente, rentable y competitiva, es más, creo que NUNCA ha dirigido una empresa. Punto.
NUNCA ha desarrollado un proceso empresarial REAL (por lo menos no completo, sino sólo “pedacitos” y siempre desde el punto de vista de “consultor”). NO tiene la mínima experiencia de trabajo en el sector productivo privado (que es donde se ven las consecuencias reales de las acciones y decisiones reales). El alto porcentaje de su carrera “profesional” ha sido escribiendo propuestas de proyectos para ONG´s; y como todos sabemos, “el papel TODO lo aguanta”.
Y que en su trayectoria de “escribiente” de propuestas de “desarrollo empresarial” he sabido que ha tenido más problemas que resultados REALES. Que incluso por su edad, no puede tener el bagaje y el expertise para erigirse y autodenominarse “experto” en el tema que le tocó impartir. Y las consecuencias para un tema muy profundo y potencialmente rico de experimentar, fue tener que aguantar muchas horas de “lectura de sus diapositivas de PowerPoint” (con conceptos que parecían salir de Wikipedia o del “Rincón del Vago”), ejemplos teóricos (que se encuentran en cualquier libro del tema), ninguna experiencia real (hasta las dinámicas que aplicó eran infantiles y sin peso y por supuesto, que ella no las enriqueció ni las utilizó para afirmar el tema) y la “carne” de tan interesante e importante tema, se convirtió en “hueso”. No sólo es un tema polémico a nivel administrativo y generalmente rechazado, sino que esta persona lo presentó tan débilmente que los resultados serán muy cuestionables. Fue como asistir a una conferencia sobre la Teoría de la Relatividad que en lugar de ser presentada por Einstein lo fue por un técnico novato del INSIVUMEH, que sacó sus notas de una página de Internet.
Me hubiera encantado que en lugar de repartir tarjetitas para armar un rompecabezas, hubiera desarrollado una matriz, en carne viva y a todo color. Un ejemplo práctico y real, de éxito; no de un proyecto fracasado y con tintes políticos y de conveniencia económica. Enseñar o educar no es sólo leer las diapositivas que se proyectan en la pantalla.
Los “espejitos” ya no funcionan. La tecnología y el desarrollo de los ejecutivos es superior a los “pases mágicos”, a las falacias y a la demagogia. Engañar a un profesional –en estos tiempos- es MUY, MUY difícil; si no imposible. La mentira se mantiene hasta que la verdad la alcanza.
Les recuerdo que el buen médico practica con el ejemplo. Este “profesional/experto” presentó cómo jugar damas cuando lo que se requería era a un maestro/campeón en ajedrez. Fue como ver una estrategia de guerra presentada por un recluta cuando debería haber sido Napoleón. Fue como un merolico del parque Centenario interpretando a Shakespeare. Fue como un transplante de corazón efectuado por un niño de primaria. Fue como ver un video del mundial de fút… de los años 50 y en una tele en blanco y negro. Fue como ir al cine, tener ganas de ir al baño y todavía faltan 6 horas de película. Fue como tener una uña encarnada y ponerse a jugar fút, descalzo. Asistir a ese curso fue como esperar todo un año que llegue la nochebuena y se olviden de tu regalo. Como tener expectativas de ganar un mundial, pero la selección que te tocó es la de Guate. Como volver a ver al “amor de tu vida”, 50 años después. Como enamorarse del póster de Farrah Fawcett y después conocerla en sus últimos días. Como esperar que te atiendan en un hospital de Houston y resulta que estás en un centro de salud de Chimaltenango. Como creer que la capacitación será de la calidad de la Escuela de Negocios de Harvard y en realidad estás en una escuela pública departamental.
Decir lo que hay que hacer es muy fácil. Mostrar lo que debe hacerse es más difícil. Pero hacer lo que hay qué hacer es lo que separa a los profesionales de los “wanabis”.
Si así fue un curso de esa ONG, impartido por su “experto” para capacitar capacitadores en el tema ¿cómo serán los proyectos de desarrollo empresarial que implementan? No hay que asombrarse de los resultados, especialmente cuando las decisiones políticas imperan sobre las empresariales. Sólo fue más de lo mismo. Son más de lo mismo. No hay diferencia. La Visión de todas esas organizaciones sigue siendo un simple conjunto de letras expresando una irrealidad.
Ese consultor es igual a los ginecólogos hombres que no aguantan a las parturientas histéricas y que gritan de dolor. Esos doctores pueden tener miles de títulos gineco-obstétricos, pero al fin y al cabo su conocimiento de lo que se siente en el parto, siempre será teórico. Ninguno de ellos, NUNCA ha parido un niño.
No es lo mismo ser “consultor” que “entretenedor de audiencias”. No es lo mismo ser “consultor” que ser un profesional. No es lo mismo ser profesional que sólo un buen orador. No basta con leer bien las diapositivas que se proyectan. No es lo mismo ser un consultor profesional que una persona que sabe cómo “mover las manos” e “impostar” la voz como que si fueran los años 60. Imagínense que otorgaran títulos de cirujano a los que leen libros de cirugía. Que dieran títulos de ingenieros a los que sólo pueden construir con legos.
Yo invito a esa persona que impartió el curso a que haga un examen de conciencia y que aplicando la simple definición de consultor, que aparece en Wikipedia, analice si tiene el perfil correspondiente:
Wikipedia: Un consultor (del latín consultus que significa "asesoramiento") es un profesional que provee de consejo experto en un dominio particular o área de experiencia, sea contabilidad, tecnología, ley, recursos humanos, ventas, medicina, finanzas, relaciones públicas, comunicación u otros.
La principal función de un Consultor es asesorar en las cuestiones sobre las que posee un conocimiento especializado…
Y ustedes ¿qué opinan?
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