La palabra paradigma quiere decir “modelo/patrón” y puede aplicarse a las creencias que tienen ciertos empresarios que he conocido. Sus paradigmas son negativos, pero lamentablemente muy ciertos. Son contrarios a lo que debería de ser, pero que así son. Hoy quiero escribir sobre algunos de esos paradigmas y emitir mi juicio.
Se cree que la capacitación es cara… y sí, tienen razón al pensar que es cara, muy cara. Y es que la mayoría de gerentes/empresarios que conozco compran capacitación “por libra”.
Por supuesto que la capacitación es cara, inservible e incrementa sustancialmente los costos cuando se imparte sin un objetivo específico, sin esquemas concretos, sin un diagnóstico o un análisis que la dirija y por capacitadores poco profesionales, que por un “puñado de quetzales” venden sus principios; dando “conocimientos” cuando deberían dar educación.
La capacitación es cara cuando el principal modo de evaluarla es por el “tiempo o duración” de los cursos recibidos. Es muy cara cuando se desarrollan programas “genéricos” innecesarios y que no afectan o desarrollan directamente las competencias empresariales. La capacitación es cara cuando no responde a programas de “desarrollo de carrera” del personal de la empresa o a subsanar elementos negativos detectados en forma profesional.
La capacitación es cara cuando se cree que es una “varita mágica” que resolverá los problemas de la empresa y que sustituye la responsabilidad y compromiso concretos del líder de la empresa; el gerente/propietario.
Capacite cuanto quiera, asista a miles de cursos y talleres, que le den todos los diplomas de participación que pueda… que mientras no se asuma la responsabilidad real del gerente/empresario la capacitación seguirá siendo insuficiente, inefectiva, improductiva y MUY CARA.
Otros empresarios creen y han comprobado que la publicidad no sirve. Y por supuesto que no sirve si se realiza sin un fundamento mercadológico, satisfaciendo los gustos de los gerentes/propietarios, usando como modelos a los familiares o amigos o lanzándola al aire sin los indicadores adecuados. Si no hay un programa estructurado, acciones profesionales, el presupuesto adecuado y las condiciones empresariales para satisfacer adecuadamente la demanda, la publicidad es cara e innecesaria. Es mejor no hacerla, que ser empírico y amateur en las lides publicitarias.
Si no conocemos quién es nuestro grupo objetivo o el nicho que debemos tener, si los precios no responden a conceptos profesionales de gestión, si los encadenamientos empresariales no son los adecuados, si nuestros productos y servicios son anticuados en su presentación, forma y concepto, si no tenemos un diagnóstico profesional del desempeño, la rentabilidad y la productividad de la empresa; la publicidad es cara.
La publicidad es cara cuando se cree que es una “varita mágica” que solucionará los problemas que le corresponden al gerente/propietario. Cuando se piensa que la publicidad es un substituto del liderazgo, del análisis, del diagnóstico, de la intervención concreta del gerente/propietario. La publicidad es cara cuando se cree que subsanará los problemas de logística, de distribución, de producción, de ventas, de finanzas, etc.
Haga cuando publicidad quiera, con los anuncios más caros y contratando a la agencias de publicidad mejor pagadas… no servirá de NADA. Los problemas de gestión se resuelven con gerentes/propietarios con las competencias administrativas adecuadas… no pautando en los medios de comunicación. Y por eso, la publicidad es cara.
Casi todos piensan que los consultores son caros, molestos y engreídos. Y tienen razón. Hay una gran cantidad de consultores que por necesidad de un ingreso económico, hacen y dicen sólo lo que el cliente quiere oír. La consultoría es cara cuando los verdaderos principios y valores profesionales se venden al mejor postor. Aunque de esto los responsables son los clientes que han creado seres seudo-profesionales que no tienen el valor de presentar y luchar por sus creencias… con tal de recibir una remuneración.
Y en el caso en que los consultores sí son adecuados, entonces los clientes no les creen, no siguen sus recomendaciones, no producen los cambios necesarios, etc. Así ¿Cómo no va a ser cara la consultoría? Contrate a cuantos consultores pueda, que mientras no hayan esquemas de confianza, madurez y profesionalismo de todas las partes, las consultorías seguirán siendo caras para su empresa.
Este es el tipo de ejecutivos que cuando va al doctor, no le cree a los resultados del laboratorio y duda del ojo clínico y la capacidad de diagnóstico del galeno… buscando otras opiniones; cuando la enfermedad está en el paciente, no en el médico.
Estos y muchos otros son los paradigmas empresariales negativos, pero muy ciertos. ¿Qué piensan ustedes?
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