lunes, 6 de septiembre de 2010

Historia real… patética.

Hace un par de meses asistí a la presentación de un programa de apoyo a PYMES, patrocinado por una de las más grandes y mejores organizaciones de distribución que hay en Guatemala. El programa presentado es una de las mejores oportunidades que conozco para tener éxito a corto plazo y no puedo menos que reconocer lo que hace esa organización para generar prosperidad en un acuerdo gana-gana.

Sin embargo, al final de la presentación tuve la oportunidad de platicar con los asistentes y comprobar que por lo menos un 99% de ellos estaba frustrado y desanimado y que incluso, hablaban muy mal de la organización patrocinadora del programa.
Las razones del descontento y frustración de los “candidatos” a proveedores de la organización: 1) Se requiere que las empresas estén legalmente constituidas. 2) Que las “marcas” de los productos a ofrecer estén legalmente registradas y que cumplan con todos los requisitos legales y comerciales. 3) Que los productos que así lo requieran tengan los registros sanitarios correspondientes. 4) que los productos y sus empaques cuenten con códigos de barras y 5) que las características y beneficios de los productos, respondan a realidades del mercado y que lo satisfagan ampliamente.

Todo lo anterior hizo que muchos de los presentes “culparan y responsabilizaran” a la organización patrocinadora de que “ellos no pudieran” ingresar sus productos a sus góndolas y así ganar dinero. Ahora resulta que los patos le tiran a las escopetas. Ahora resulta que por pedir profesionalismo, la organización patrocinadora es “pura lata”. Ahora resulta que por pedir que se esté a la altura de las circunstancias, la organización patrocinadora es la “mala de la película”.

De acuerdo a la mayoría de los participantes, la organización patrocinadora no es empática y no comprende que las MYPIMES guatemaltecas tienen su “propia” forma de accionar y de comercializar sus productos y que “exigirles” que cumplan con estándares comerciales validados en todo el mundo (y que no son la “gran cosa” sino apenas lo obligatorio para ser competitivo) es un error o una “mala jugada” de la organización patrocinadora.

Por supuesto, la mayoría de asistentes a la presentación del programa salieron “tristes” porque ya se hacían con los bolsillos llenos de dinero, por “su linda cara” y no porque cumplan con los mínimos requisitos de la competitividad. Todos “sueñan” con ingresar a la lista de proveedores de la organización patrocinante, pero ninguno hace lo que tiene que hacer. Todos desean un gran cheque por sus productos, pero siguen esperando el paternalismo que le de “bolsas solidarias” como pago por su haraganería administrativa y su disfuncional personal y empresarial.

De entrada, la mayoría de asistentes a la charla (los que salieron frustrados) ya estaban descartados. Porque sus esquemas administrativos, de producción, de comercialización, etc. son más propios de la economía informal que de empresas competitivas y estructuradas. Y no se trata sólo de la falta de recursos para comprar un código de barras o seguir los trámites para obtener el registro sanitario; es la indolencia del empresario PYME por cumplir con las “normas” del mercado al que ingresó. Es como participar en un equipo de fút pero no querer entrenar o usar el uniforme o seguir las instrucciones del entrenador. Es como querer jugar en la FIFA pero no aceptar las reglas o no tener los recursos necesarios (humanos, técnicos, económicos, logísticos, etc.) para desempeñarse en ese nivel.

Que triste es ver cómo esos “empresarios” siempre culpan a los otros de su incapacidad de ser competitivos. Que frustrante es ver cómo en lugar de buscar el desarrollo y alcanzar nuevos niveles y estándares, los empresarios también siguen buscando quien los subvencione por su falta de compromiso y capacidad.

Que triste es ver cómo la mayoría de participantes en la presentación de ese programa, lo que en realidad esperaban era una “limosna” de la empresa patrocinadora y que los dejaran “vender” sus productos por un “acto de caridad y de lástima”. Y es que en verdad, esos empresarios dar “lastima y dan grima”.

No, esos empresarios NO MERECEN que sus productos estén en la góndolas de esa corporación internacional. NO MERECEN ser tomados en cuenta como proveedores. No se han “ganado” esa oportunidad. No se trata de dar dádivas sino de ser profesionales. Crezcan, desarróllense, cultívense… y entonces quizá sea diferente. El mercado no es un escenario de esos concursos baratos que vienen en la TV, en donde un payaso recibe más llamadas y puede seguir concursando e incluso ser el ganador. El mercado requiere capacidad, entrega, desarrollo continuo, competitividad.

La mayoría de participantes salieron “dolidos” con la empresa patrocinadora. Yo me hubiera puesto como la gran diabla si los hubieran aceptado con sus grandes debilidades. La mayoría creen que la empresa patrocinadora “puso muy altos los estándares”. Yo creo que son las PYMES que asistieron las que son “enanas empresariales”. No es la altura de los estándares, es que empresarialmente somos chaparros. Vergüenza bajar los estándares. Vergüenza no poder alcanzar los mínimos.

Lo que hace la empresa patrocinadora es loable. Y tengo que confirmar que en ese programa ya hay varios (bastante pocos) casos de éxito y que sus testimonios son muy valiosos, teniendo como denominador común que dejaron de lado el empirismo y se convirtieron en profesionales. Ellos quizá ya están “haciendo dinero” mientras que los otros, todavía se están lamentando y lamiéndose la heridas.

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