Imagínense a un grupo de guatemaltecos comunes y corrientes, de los normales, que se enfrentan en basketball contra jugadores de la NBA. Corren y corren por la cancha. De arriba abajo, de derecha a izquierda y por supuesto, no tocan bola en ningún momento. Los gigantes de la NBA hacen lo que quieren con la pelota, se dan el lujo de hacer pases de fantasía y de encestar cuando y como ellos quieren.
No importan las jugadas tácticas de los guatemaltecos ni la “pasión” con la que jueguen. No importa que deseen mucho ganar ese partido. Es que simplemente no tienen lo que se necesita para enfrentarse a los de la NBA. No tienen la altura, ni el aire, ni las técnicas, ni los recursos para ganar. Y si meten siquiera un par de canastas, será más por suerte que por capacidad. Ni siquiera ha empezado el partido y ya está decidido el ganador. Jugar en esas condiciones tiene más de masoquismo que de “deseo” de triunfar.
A mi juicio, lo mismo sucede con la mayoría de MIPyMES que conozco. Se metieron a jugar (porque más parece que “juegan” en lugar de “competir”) a una liga que les queda MUY GRANDE.
Y es que ser empresario es más que tener el dinero para pagarle a un abogado y que haga las escrituras de una sociedad. O inventarse un nombre y unos “servicios” y tramitar una patente de comercio.
Ser empresario implica tener la capacidad y las competencias para poder desempeñarse competitiva y rentablemente. No se trata sólo de “meterse” al mercado y después de un tiempo salir corriendo y bien apaleado, perdiendo un montón de dinero.
Ser empresario implica poder administrar eficientemente una organización. Aplicar técnicas y métodos efectivos de gestión, de manera que los procesos de producción, comercialización, logística, mercadeo, finanzas, recursos humanos, etc. sean los más adecuados y que los objetivos empresariales se conquisten. No basta con ser efectivo, hay que ser eficiente.
Conozco innumerables personas que de un día para el otro o por una necesidad (quedarse sin empleo, por ejemplo) “deciden” poner un negocio propio. Se “lanzan al ruedo” y no tienen ni la más mínima idea de lo complicado que resulta ser administrador de una organización (sin importar el tipo o el tamaño). Piensan que ya “en el camino” sortearán los problemas y confían más en la “buena suerte” que en buscar desarrollar sus competencias, conocimientos y experiencias de gestión.
Una empresa sin un Plan Estratégico o uno de Negocios o de Mercadeo es como un barco sin timón. Puede avanzar pero en realidad está a la deriva y tarde o temprano se hundirá o en el mejor de los casos encallará y su tripulación abandonará la nave.
Una organización que no cuenta con objetivos y metas, pero especialmente con los recursos para alcanzarlas es como un atleta que corre pero tiene los ojos vendados; puede dejarse llevar por el instinto o por lo que “percibe” a su alrededor. Pero en realidad los costos de alcanzar la meta –si es que la alcanza y no se desvía o se pierde- serán tan altos, que en lugar de ganar, habrá perdido.
Una empresa que no tiene un líder (gerente/empresario) competente, es como leer un libro en un idioma desconocido. Se pueden reconocer algunos signos y símbolos, pero en realidad estamos ciegos a lo que se escribió. Es como oír una canción en un idioma que no conocemos, los sonidos que se emiten nos gustan pero no entendemos nada de lo que se canta; y en el mejor de los casos nos imaginamos lo que se dice pero lo más probable es que estemos totalmente equivocados.
Si queremos jugar en la NBA más nos vale que tengamos la altura, que conozcamos las jugadas, que practiquemos como profesionales… de lo contrario siempre nos chamarrearán todos los equipos de la competencia.
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