Una de mis peores experiencias fue trabajar para una organización guatemalteca, supuestamente privada pero con todas las características de un ente gubernamental. La burocracia, la incapacidad, la prepotencia de sus ejecutivos rivaliza muy bien con las peores instancias de gobierno. Y la mediocridad de los resultados que obtienen y la ineficiencia y gastos superfluos que manejan, más es una carga para sus socios. Y lo peor, es que las mentiras que propagan, ellos mismos se las creen. Es una organización MUY cuestionada por sus mismos “beneficiarios” (quedan muy pocos, afortunadamente).
Me tocó tener que “rendir” cuentas (porque yo era un asesor externo) a una “ejecutiva” que NO conocía NADA del tema de esa organización. Todavía me pregunto ¿Qué método utilizarían para contratarla? Ya que no tenía ni la más mínima competencia para la gestión que se le encargó. ¿Sería novia de algún miembro de la junta directiva… o su hija… o su sobrina… o una “recomendada” de alguien? Por eso no es de extrañar los pobres resultados que esa organización obtiene y que sus problemas son mayores que sus beneficios. Personal incapaz y problemático genera organizaciones ineficientes. En broma/en serio yo he dicho, que quien sabe, sabe y quien no sabe, trabaja en esa organización.
Durante el tiempo que ejecuté la parte que me correspondía en la asesoría, los choques y enfrentamientos fueron constantes e incluso brutales. No es usual que yo pierda los estribos pero con ella, fui muy duro, mordaz, frío y concreto en hacerle saber lo que pensaba de ella y su incapacidad para el trabajo que realizábamos. A tanto llegó la estupidez de esta ejecutiva, que por primera vez en mi vida renuncié a esa consultoría sin terminarla. Renuncié y me fui. No aguanté verla ni por un momento más.
Cuando entregaba mis reportes, ella solicitaba cambios fuera de proporción y se pasaba los “Términos de Referencia” y el contrato que existía, por el arco del triunfo. No le gustaba mi “estilo” de redacción porque ella prefería a Isabel Allende sobre Vargas Llosa… jajajjaja… ridículo, pero cierto. Quiso que los reportes fueran una monografía y un curso de capacitación sobre el tema, en caso alguno de la junta directiva no entendiera o conociera del tema o que en el futuro, alguien necesitara “ampliar” el tema. Yo le decía mirándola directamente a los ojos: “…no tengo por qué llenar tus vacíos de conocimiento sobre el tema… no tengo porque ampliar los reportes a tu gusto y para suplir lo que tu ignorancia no te permite hacer…” así que se aprovechó de su “jerarquía” y atrasó increíblemente los pagos (nuevamente se limpió con el contrato y con los TdR).
Y no es que el tema de la asesoría fuera difícil, es que ella simplemente NO sabía NADA y quería que la consultoría la “capacitara” y la sacara de su ignorancia. Era como que alguien fuera nombrado “Jefe de Cirugía” de un hospital pero no es doctor y nunca ha tenido ningún conocimiento médico. Negocio es negocio y los Términos de Referencia no incluían ser niñeros de una incapaz, malcriada e ignorante.
Heydi nunca cumplió con los plazos convenidos y el Plan de Trabajo que se regía por el contrato. Se fue de viaje a Europa (a una feria en España) con “su” jefe (me pregunto si sería un viaje como el del presidente de la Corte Suprema de Justicia, con su “asistente” cuando fueron a Brasil?). Un proyecto de 4 meses y de 3 fases, tardó un año para terminar 2 fases.
Llegué a pedirle a quien era mi socio, que se sacrificara con ella (no sé si lo hizo o no, aunque para él una escoba era presa oportuna) y así calmar las estupideces de Heydi S. Llegué a pedirle que hiciera ejecutar las cláusulas del contrato y pedir una mediación… pero resultó que también mi “socio” fue un cobarde y se plegó a los caprichos de ella y de su “jefe”. Al final, no pude más y renuncié. Sin pago (mi “socio” cabalgó la plata que le dieron y se tardó más de 6 meses en pagarme) pero emocionalmente satisfecho. Muy pocas cosas en mi vida se han sentido tan bien como renunciar de esa organización. Fue delicioso decirle todo lo que pensaba a Heydi y salir para siempre de su vida. Ella fue una pesadilla y ni a mi peor enemigo le deseo que trabaje para ella, por mucha necesidad que tenga.
En fin, termino aquí el tema; no sea que por escribir de ella venga a mis sueños y se repita la pesadilla.
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