Sí, me declaro culpable. Yo también fui joven y prepotente. Hubo un tiempo en que creía que tenía la "verdad embotellada". Creía conocer todas las soluciones y que sólo yo tenía la razón.
Y ahora, después de 10 años de consultoría empresarial y a mis 54 años de edad, les tengo que confesar que me he encontrado muchísimas veces con ese perfil: ejecutivos jóvenes, con muchos títulos y de renombradas universidades; que conocen mucha teoría y llevan la nariz alta y con prepotencia pero que dejan muchísimo que desear en su desempeño y en sus logros reales.
Pero que eso que parece que es su mayor fortaleza (juventud, teoría de la vida, energía, etc.) en realidad es su mayor debilidad. Son muchachitos que menosprecian la experiencia que da la vida y los consejos que sólo se aprenden con los años.
Llenos de energía pero faltos de madurez. Deseosos de ejecutar lo que han aprendido de los libros y en las aulas de clase y sin temor a fracasar porque se creen infalibles. Que atrevida, al igual que la ignorancia, es la madurez.
Dispuestos a correr riesgos -innecesarios la mayoría de ellos, bajo la perspectiva de la madurez- en nombre del aprendizaje propio; pero se olvidan que las consecuencias no las pagarán sólo ellos. Las empresas que los contratan sufren como también sufren los colaboradores, los proveedores, los clientes, etc. Son niños que en realidad trabajan -aunque tengan muchos títulos- bajo la premisa de prueba y error.
Este tipo de ejecutivos carece del "instinto", del "olfato", del "feeling" que sólo el tiempo otorga. A mi juicio, son muy peligrosos en una organización por que el ímpetu de la juventud no tiene frenos. Además, son muy "teóricos" y sus dogmas están limitados por su edad. Sería mejor que por unos años trabajaran solos, que establecieran sus propias empresas y que cuando tengan que pagar las consecuencias, la responsabilidad y el costo de los daños fuera sólo de ellos. Si yo tuviera una empresa con muchos ejecutivos, me encantaría contratar a aquellos que han sido apaleados por la vida y que han aprendido a madurar.
Puedo parecer duro, pero desde mi punto de vista sólo estoy siendo asertivo y escribiendo lo que pienso. Si se tiene un gerente/administrador joven, no se confíe en el tamaño ni la extensión de sus títulos universitarios ni mucho menos en su energía y vitalidad. Contrólelo, vigílelo, póngale límites, audite sus acciones, no entregue un "cheque en blanco" ni de sus finanzas ni de la gestión de la empresa. Facúltelo y empodérelo, pero no abdique sus atribuciones de propietario y/o empresario. Los equipos de fútbol tiene capitanes, pero quien lleva la responsabilidad y el juego, es el entrenador.
El otro lado de la moneda es igual de peligroso e inefectivo. Los empresarios/gerentes que por tener una edad avanzada, no sólo creen que ya no pueden avanzar al ritmo de la tecnología y de los requerimientos profesionales para administrar una empresa, sino que ya no quieren hacerlo.
Yo estoy convencido, después de tratar con un sinnúmero de ejecutivos y propietarios mayores, que no es tanto que no puedan adaptarse al cambio (manejar una computadora, aprender nuevos programas y esquemas de administración, etc.) sino que NO QUIEREN CAMBIAR.
El título del puesto de gerente es muy cómodo. Se cree que por haber llegado a un puesto ejecutivo alto o ser el propietario, el desarrollo personal y empresarial se detiene. Es en esta etapa en donde he podido constatar que muchos ejecutivos brillantes inician la caída en el resbaladero de la administración. Quienes solían ser innovadores, ahora se han vuelto inactivos y en el mejor de los casos, reactivos; y la proactividad ha dado paso a la indiferencia.
Puedo asegurar que no hay incapacidad de un ejecutivo de edad avanzada para conquistar los objetivos que quiera, es simplemente que es más fácil, más cómodo excusarse en la edad para ya no tener que esforzarse.
Algunos usan la edad como excusa de la haraganería. Nadie está exento de seguir desarrollándose y mucho menos los propietarios. Si les meten "gol" es responsabilidad de ello por no haber estado a la altura de lo que se les requiere.
El propietario no debe sólo alargar la mano para pedir dinero a fin de mes. Debe ser una pieza clave y activa en la dirección empresarial. Igual de culpable es el que hace como el que se deja hacer.
Querer es poder y los ejecutivos mayores que no manejan una computadora, no es porque no puedan es porque no quieren. La mayoría de veces les es más cómodo "delegar" que hacer y ese es el inicio del final.
El gerente/administrador/propietario que no se involucra en los procesos y procedimientos de administración -en forma activa- está destinado a fracasar. Tarde o temprano todo plazo se llega. No hay mal que dure 100 años, pero tampoco enfermo que lo resista. No culpe a nadie de lo que debería haber hecho/conocido usted. Como también dice aquella frase célebre: "no llores como mujer lo que deberías haber defendido como hombre".
En cualquiera de los casos, la edad no es más que una cuenta numérica del tiempo de vida de una persona. No debería tener relación directa con la capacidad y eficiencia de administrar rentable y productivamente una empresa. Tanto el joven como el adulto mayor deben funcionar bajo las mismas premisas administrativas: madurez, certeza, aseguramiento, experiencia y conocimiento, etc.
En la próxima entrega pienso contarles algunas anécdotas y experiencias que he tenido, para ejemplificar lo que hasta ahora he escrito. Hasta pronto.
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